Friday, April 29, 2016

Educación laica, conviene?


     Vemos, observamos, interpretamos lo que está sucediendo a nuestro alrededor y comprobamos pocas cosas agradables. Seguramente usted hace lo mismo y no permanece estático e inerte, sino que construye, desde su óptica, una opinión particular y respetable. Es lo que todo ser pensante debería hacer continuamente. En el caso particular, salir de casa y ver rostros compungidos y tristes, por el caos que nos agobia, es una experiencia casi cotidiana que no acepto por varias razones; pero más allá, duele descubrir, en el común, el efecto de la apatía y el escaso poder de las ideas. Entonces, ratificó que la ausencia de condiciones ciudadanas sirvieron al régimen para engañar, manipular y transitar hacia el comunismo y a las tinieblas casi sin obstáculos. Lento, planificado y a paso de vencedores el comunismo destruye a Venezuela, entristece a su pueblo y nubla su futuro.

   Doy vueltas en círculos y regreso a mi centro epistemico, que es la educación, con este cuestionamiento. ¿Por qué no se utilizó la Palabra de Dios y los los valores cristianos para formar a los nuevos ciudadanos? Con ello intento determinar la responsabilidad de la educación en el caos nacional y mundial. En este sentido, estimo que el mundo se hizo mas mundo, dicho de otra manera, se lleno de orgullo y se olvido mas y mas de Dios, en consecuencia, suponiendo que lo tenía todo bajo control, se deshizo de Dios. Ya no hacía falta. Lamentablemente me incluyo en esta vorágine pues de alguna manera forme parte de ese movimiento "creador" de conocimiento, teorías y postulados epistemicos que nos hacen ver y creer que somos inteligentes y eruditos, cuando en realidad somos simples y rebeldes pensadores que buscamos superar a Dios y satisfacer a círculos exclusivos de la ciencia y la intelectualidad. Este no es nuestro caso. Nada de eso.
     Al redondeos, sabemos que la educación laica domina el escenario de la formación básica, media, diversificada o universitaria en el mundo y apunta a enseñar o adiestrar, a las nuevas generaciones, en lo que conviene a naciones democráticas, capitalistas o comunistas, sin tomar en cuenta a Dios. En este proyecto Dios es solo una leyenda, un cuento insuflado por la tradición hebreo-judaica y el hombre en general con el objeto de sentirse complacido con la tesis de la evolución y la transitoriedad del conocimiento; un tanto parecido a lo que la modernidad significa, como sustento filosófico, para los regímenes absolutistas de la Europa medieval. La frase "le ete se mua" del príncipe Felipe antes de la explosión de la Revolución Francesa, así como el totalitarismo, el comunismo o el socialismo del XXI representan la aquiescencia de la modernidad la cual sigue presente en estas ideologías y en el comportamientos o actitudes en tiempos de innovación y permeabilidad del conocimiento, teorías y tecnologías, sin pretender profundizar en otras esferas.
     Lo contrario a la educación cristiana es la educación laica que, en el fondo, ha logrado destruir la debilidad de valores éticos arraigados en las sociedades menos avanzadas, imponiendo los anti valores de las sociedades desarrolladas, por aquello del principio de imitación, sospechando que estas hacen lo correcto. En otras palabras, el mundo está hundiéndose en una especie de espirar demoniaco, donde los anti valores dominan y controlan la vida en sus distintos escenarios, y donde lo bueno es insultado y difamado como lo malo y lo malo es exaltado como lo bueno, siendo esto último lo que se debe hacer e imitar. Así pues, quienes se oponen a la educación cristiana tienen como meta principal desechar la idea de que la Palabra de Dios es la guía justa para formar nuevos los ciudadanos que mundo necesita. Cuando dejamos a Dios fuera de nuestros planes formativos, le damos, a las distintas corrientes epistemicas de la educación, la posibilidad de crear conocimientos con los que intentan "destronar" a Dios como fuente del saber. Esta es la lucha del mundo científico, académico e intelectual. Deberíamos complementar, no intentar destruir la inmensidad de Dios.
     Pues bien, a sabiendas de todo lo anterior o de las intenciones del hombre, Dios creador lo previene y advierte en la Biblia por medio de Isaías, capítulo 5, versículo 20, cuando nos dice: "Ay de los que a lo malo le dicen bueno, y a lo bueno malo, que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo". Para quienes creemos en Dios, sabemos cuáles son las consecuencias del incumplimiento de este pasaje bíblico, pero los que aún sabiendo que hacen el mal, persisten en lo abominable, Dios les tiene un juicio justo. Usted sabrá qué hacer. Pero si nosotros, y con ellos nos referimos a la educación, nos enfocáramos en aplicar lo que nos dice el apóstol Juan en la primera epístola, capítulo 3, versículo 11 el cual nos dice: "Porque este es el mensaje que habéis oído desde el principio: Que nos amemos unos a otros". La belleza de este versículo y el amor del Dios nos invitan a formar seres humanos virtuosos pues Dios sabe lo mal que puede llegar ser el hombre sin amor en su corazón.
     A la altura de la segunda década del siglo XXI, afirmamos lo lejos que estamos de enseñar a amar al prójimo. Amar significa, tratar con cariño, afecto, compasión; así la vida estaría llena de amabilidad, cortesía y decencia pues nadie que ame a otra persona se propondría ser agresivo, indecente e insensible. Una pregunta universal sería, por qué el mundo no nos enseño amarnos, será que les interesaba más las guerras y los conflictos, o por qué no se nos enseñó que el orgullo es una actitud no propia de un hijo de Dios, sino del enemigo y que el orgullo conduce al error y al pecado del cual debemos arrepentirnos. En definitiva, si Venezuela hubiese tenido una educación cristiana, probablemente no estuviésemos divididos, no habría odio y exclusión entre bandos opuestos y nunca hubiésemos tenidos líderes o gobernantes prototipos de la malignidad de hoy en día.

Dios bendiga a Venezuela

Friday, April 22, 2016

El hombre natural y el discernimiento

     No sorprende la ceguera o la incapacidad para descifrar de lo sucede en Venezuela. Tanto es asi que, conocidos personajes de la vida intelectual, académica y hasta religiosa, termino normalmente utilizado para identificar las distintas creencias y no así para definir la relación que cada cristiano debe mantener con Dios, no comprenden el origen de la realidad social, económica y política del país. En consecuencia, y de manera insospechada, no atinan a reconocer que vivimos en una sociedad enferma y agonizante, que vive la inocultable evidencia del fin de una civilización, marcada por el predominio de la praxis de anti valores y que dará paso al nacimiento de una nueva era donde lo etico será lo esencial para bien de todos.
   Esta ceguera, explicada claramente en la Biblia, versión Reina Valera 1960, en el libro de Segundo de los Corintios, capítulo 4, versículo 4, nos alerta sobre la limitaciones del hombre natural de esta manera: "el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios"; dicho de otra manera, el mundo tal como está no posee las cualidades para discernir ni tampoco comprender lo que la vista y otros sentidos informan, pues lo que experimentamos o vivimos va más allá de lo físico, en extracto, la explicación de nuestra realidad no debe sostenerse desde lo natural, sino desde lo espiritual. La Palabra de Dios es profunda en esta dirección y lo complementa: "el hombre  natural no percibe las cosas que son del espíritu de Dios, porque para él son locura, no las puede entender porque las han de discernir espiritualmente"; 1 Corintio 2:14, Ibídem. En tal sentido, los sucesos de Venezuela, Colombia, EEUU, Brasil, Argentina, España o Cuba por solo ejemplificar algunos de los países, no se deben interpretar desde la óptica natural, deben ser captados e interpretados desde la óptica espiritual, entonces será posible buscar y aplicar la solución adecuada.
    Pero, ¿cuál es solución adecuada? Simple. El mundo y hombre natural decidieron solucionar las dificultades con un discernimiento limitado, de este modo, los errores son vistos como algo normal, los pecados y lo aborrecible son aceptados, pero la muerte es el precio que se ha de pagar, cuando Dios nos ofrece el perdón de nuestras injusticias, la restauración y la vida eterna -todos estos fines normalmente ignorados, desacreditados por el hombre natural y el mundo pues para ellos nada es cierto, si no es comprobado por las ciencias del hombre.
    Venezuela es el ejemplo que ponemos a disposición. Ante los ojos del mundo Venezuela parece agonizar. Eso es lo que nuestros sentidos nos informan, pero olvidemos los sentidos y centrémonos en lo que estamos aprendiendo, en todas las cosas des agradables que no vamos a repetir pues lo malo, lo que hace daño se evita. Miremos nuestro hermoso país con ojos de Fe, que es espiritual, la misma que nos permite ver cómo Venezuela se está transformando en algo superior. Dejemos los pensamientos negativos, abandonemos las dudas y miremos las cosas extraordinarias que Dios nos tiene preparado pues Debemos creer que nuestro país será la lámpara que iluminara la oscuridad de Latinoamérica. ¿Qué haremos para ver esta verdad? Pues Dios no invita a ser buenos, a dejar el pecado, a discernir lo bueno de lo malo y sobre todas las cosas amar al prójimo, es decir, "cada uno de nosotros agrade al prójimo en lo que es bueno, para edificación", Romanos 15:2; ibídem.